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“Su destino se encuentra a doscientos metros. Zona delimitada, no es posible estacionar el vehículo. Por favor, prepárese para bajar del vehículo” dijo la voz en off del vehículo.

Miró a Zoe, parecía tranquila, aunque podía ser por el BSE que le acababa de dar. Si ella supiera…

-Ha llegado el momento. Hacia la libertad – le dijo colocando el puño de su mano derecha sobre el pecho.

-Hacia la libertad – respondió Zoe haciendo el mismo movimiento.

Cuando la puerta del vehículo se abrió y se dispuso a bajar, la sujetó de la muñeca. Se sentía tremendamente culpable por lo que iba a pasar. No se llevaban demasiado bien, era cierto, pero no podía dejarla ir sin más. “El fin es mucho más importante que ninguno de nosotros. Es un mal necesario” la voz de Bauer resonó en su cabeza.

-Ten cuidado Zoe – Fue lo único que le pudo decir

Zoe le abrazó y bajó del vehículo, que se puso en marcha casi de manera instantánea. La voz en off le informó de la llamada entrante.

-¿Está dentro? – preguntó la mujer al otro lado de la línea.

-Ha entrado en el edificio, está en recepción – respondió consultando el localizador de su muñeca.

-Te espero en mi despacho – dijo cortando la comunicación.

Se sentía fatal consigo mismo, no debería haber permitido que esto llegara tan lejos. Por un momento se planteó avisar a Zoe para que saliera de allí enseguida pero se dio cuenta de que eso únicamente complicaría mas su situación. Si todo salía bien tenía una oportunidad de salir viva de allí. Pero esa oportunidad era demasiado pequeña.

“Tiempo estimado de llegada a destino: menos de un minuto. Final de trayecto. Por favor, espere hasta que el vehículo se encuentre estacionado” informó la voz en off.

Bajó del vehículo en cuanto se abrieron las puertas y cruzó el aparcamiento en dirección a los ascensores de servicio. No quería cruzarse con nadie. En realidad, no quería tener que hablar con nadie. Colocó su identificación bajo el lector y el ascensor subió hasta la planta 9.

-Hola Max – le dijo el recepcionista al verle acercarse – te está esperando, pasa.

No se llamaba Max. Sus padres eran tradicionalistas radicales y le habían puesto un nombre japonés utilizado en las antiguas dinastías. Era tan tradicional que prácticamente se hacía imposible de pronunciar correctamente por alguien que no hablara un japonés perfecto por lo que, desde que había llegado a la organización, todo el mundo le llamaba Max. Ya se había acostumbrado a ese nombre.

Saludó al recepcionista con la cabeza al pasar y entró al despacho sin detenerse a llamar. Gloria Vargas estaba de pie, mirando por la ventana y hablando con alguien por teléfono. Cuando escuchó la puerta se despidió de manera seca y cortó la comunicación al instante.

-Conecta el localizador al proyector – dijo.

-Buenos días a ti también, Gloria – respondió con sarcasmo.

-¿Gloria? ¿Me has llamado por mi nombre de pila? – Gloria Vargas le miró con cara de pocos amigos – Espero no tener que recordarte mi estatus social y que debes dirigirte a mí por mi nombre completo, niñato maleducado. El día que consigas la mitad de lo que he conseguido yo podrás dirigirte a mí como un igual.

Max suspiró cansado mientras movía los dedos de manera ágil por la pantalla del localizador. En menos de un minuto ya se estaba proyectando.

-Zoe es el punto verde, ya está en la planta 17 – informó Max.

-No entiendo cómo podéis ver nada así, yo no veo más que líneas que se cruzan.

-Es cuestión de acostumbrarse, espera, te cambio el modo de vista – Al instante apareció la imagen del edificio en 3D. – Zoe está aquí – señaló Max con el dedo. Hizo un gesto y el edificio desapareció, apareciendo la imagen de la planta en la que se encontraba – está en la recepción.

Gloria Vargas estiró el cuello ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos. Max volvió a señalar al punto verde, era desesperante. Gloria Vargas sacó unas pequeñas gafas de uno de los cajones de su mesa y se las colocó en borde de la nariz. Volvió a mirar hacia el proyector, levantando la barbilla, y finalmente asintió. Max intentó evitar un suspiro de desesperación, sin conseguirlo del todo. Gloria Vargas le fulminó con la mirada apretando los labios. Las arrugas alrededor de su boca se hicieron más profundas, dándole un aspecto temible.

-Eso – dijo de manera seca – ¿Qué se supone que es?

Una luz blanca parpadeaba en la esquina inferior izquierda. Justo en el instante en el que Max tocaba encima de la luz, cambió a rojo.

-No, no, no – dijo abriendo mucho los ojos.

-¿Qué es lo que está ocurriendo?

-Es una alarma, han activado una alarma.

-¿Y eso, qué es? – preguntó señalando el aparato que Max acababa de sacar de su bolsa.

-Un inhibidor, deja de interrumpir, Zoe está en peligro.

La voz de Max sonó de manera tan autoritaria que consiguió que Gloria Vargas se quedara en silencio y sin moverse, algo que no ocurría a menudo. Max trabajaba lo más rápido que podía, abriendo y cerrando comandos en el inhibidor para intentar controlar la situación lo antes posible. De repente paró en seco quedándose completamente pálido.

-Estoy fuera – dijo Max

Gloria Vargas le miró con cara de preocupación pero no se atrevió a preguntarle.

-Han activado el protocolo de emergencia y el sistema se ha bloqueado.

-¿Eso qué significa? – preguntó con cautela.

-Que no puedo hacer nada por ayudar a Zoe. Está sola.

-¿Y no la puedes avisar de ninguna forma?

-No. Ha ido sin ningún tipo de comunicador para que no fuera detectado. No entiendo qué es lo que ha podido salir mal…

-Si operación está en peligro debemos informar a Bauer.

-¿La operación? ¿Es lo único que te importa? – gritó Max indignado.

-El fin es mucho más importante…

-Ahórrate esas mierdas, no pienso quedarme de brazos cruzados mientras la vida de Zoe está en peligro.

-Tú mismo has dicho que ya no puedes hacer nada para ayudarla.

-Tiene que haber algo, cualquier cosa, déjame pensar… – respondió desesperado.

-¿Ahora te preocupas por ella? Hasta hace dos días la habrías matado con tus propias manos si hubieras podido, por eso os pusimos juntos – La cara de la mujer dejó claro que no quería decir esto último, se había dejado llevar por la situación.

-¿Qué quieres decir? – preguntó Max.

Gloria Vargas estaba completamente pálida, con los ojos muy abiertos y los labios apretados. Max se acercó a la mujer por encima del escritorio hasta que sus caras estaban separadas por un milímetro. Notaba su sangre palpitándole en la cabeza pero, extrañamente, se sentía completamente tranquilo y controlando la situación.

 

(Continuará…)

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