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Abrí los ojos intentando enfocar las líneas de luz que se dibujaban en la pared. A mi cerebro le costó algo más de lo normal comprender dónde estaba. Las luces bailaban sobre los carteles de lugares exóticos y gente con mirada amable. El local de Amber. No había ningún otro lugar en la ciudad con esa mierda de carteles.

El local de Amber era un Dispensador de sueños, como tantos otros. En algún momento de nuestra existencia, habíamos perdido la capacidad de soñar. Probablemente haya infinidad de estudios que expliquen el motivo por el que los humanos ya no podemos soñar, la verdad es que nunca me he preocupado de averiguarlo. Lo que si sé es que la mente humana no puede soportar más de dos días seguidos en blanco. Al tercero, tu mente se fríe.

Hasta la mayoría de edad, los sueños te los administra el Instituto de Salud Mental en los colegios. Ellos dicen que es para que los niños crezcan sanos. Yo creo que es porque no quieren pequeños bastardos locos por las calles. Los niños son impredecibles y, con el cerebro frito, se vuelven realmente peligrosos. Una vez que cumples la mayoría de edad, te buscas la vida.

Si la vida te sonríe, tendrás tu propio Administrador de sueños en casa y, con suerte, hasta podrás tener varios sueños diferentes para intercalar. La mayoría de la gente, como yo, no tenemos más que el dinero justo para ir tirando y poder ir a un Dispensador cada dos días. Por supuesto, está la otra cara de la moneda, los tirados, aquellos que llevan sin soñar varios días. Los tirados son peligrosos desde el tercer al quinto día sin soñar. Luego, no son más que vegetales que sobreviven por las calles. La verdad es que nunca me he preguntado cómo.

Amber no fue la primera en montar un Dispensador, ni mucho menos. Su local no era el más famoso ni, mucho menos, el más limpio de la ciudad. Tampoco se puede decir que tuviera una variedad impresionante de sueños, pero era barato. En realidad, los Dispensadores de sueños se pueden diferenciar en dos grandes grupos: los buenos y los baratos. Además, ella tenía una serie de «servicios adicionales» que hacían que su local fuera mucho más interesante que el resto. A juzgar por la resaca y el frío que recorría mi médula espinal, esa noche me había pasado con uno de esos «servicios adicionales» de Amber.

Me moví despacio en el catre hasta hacerme un ovillo, intentando mantener el máximo de calor corporal bajo aquellas finas mantas. No había pasado ni medio minuto cuando Hassan, el celador, entró en la sala. En cuanto los sensores de tu cerebro detectan el estado consciente, él se encarga de que dejes el catre libre para otro posible cliente. Y era mejor no hacer esperar a Hassan.

Se acercó y me miró cruzando los brazos.

—Dame medio minuto, Hassan, por lo que mas quieras.

—No has pagado por medio minuto ¿puedes pagarlo?

Era una pregunta retórica, los dos sabíamos que no.

—Joder, la betaína que me dio Amber anoche me ha dejado fatal.

—La betaína estaba bien, el problema fue la cantidad. Y de eso solo tú eres responsable.

De nuevo, los dos sabíamos que era cierto. No había nada más que decir. Me estiré, aparté las mantas y salí de catre. Busqué mis pantalones en el compartimento de debajo del colchón.

—Joder, Kat ¿Qué te ha pasado? —preguntó Hassan con un hilo de voz.

Me volví hacia Hassan que me miraba con el rostro desencajado señalando hacia mi vientre. Bajé la mirada. Estaba cubierta de sangre desde el cuello hasta la punta de los pies. Era una sangre oscura y reseca, pegada a mi cuerpo como una costra. No creía que fuera mía porque no me sentía mal, pero la betaína podía inhibir mi dolor. Toqué mi cuerpo con las manos. Parecía que todo estaba en su sitio. Todo menos una pequeña zona rugosa bajo las costillas. Miré mis pantalones, estaban limpios. Miré hacia el catre, también estaba limpio.

Fuera lo que fuese lo que me había pasado, había sido mientras soñaba y no había sido allí.

 

(Escrito para el taller de Literautas. Esta vez, el reto era crear el primer capítulo de una novela. Esta idea lleva tiempo dándome vueltas en la cabeza. No sé si algún día se llegará a materializar del todo o, como tantos otros proyectos, se quedarán en una simple idea y este primer capítulo…)

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